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miércoles, 28 de marzo de 2007

“El desafío es para todos los escritores”

El escritor colombiano Gabriel García Márquez recreó la epopeya que supuso la creación de Cien años de soledad.

El escritor colombiano Gabriel García Márquez recreó la epopeya que supuso el proceso de creación de “Cien años de soledad” y aseguró que nunca ha hecho otra cosa en su vida que escribir historias para “hacer más feliz la vida a un lector inexistente”.

En el homenaje que se le rindió este lunes en la sesión inaugural del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, el escritor reconoció que ni en sus más “delirantes sueños” podía imaginar que algún día asistiría a un homenaje como el de este lunes, cuando sale a la venta en todos los países de habla hispana una edición de “un millón de ejemplares” de la obra cumbre del realismo mágico, editada por Alfaguara.

“Que un millón de personas podría leer una obra escrita en la soledad de mi cuarto, con las 28 letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal, parecería una locura”, afirmó el escritor.

Las Academias de la Lengua, dijo, han hecho esta obra como un gesto hacia una novela que ha pasado por las manos de 50 millones de personas, “pero no se trata de un reconocimiento a un solo escritor”, aseguró. “Este milagro es la demostración irrefutable de que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historias”, agregó.

No sabe “cómo sucedió todo” . “Sólo sé que desde que tenía 17 años, y hasta la mañana de hoy, no he hecho cosa distinta que levantarme temprano todos los días, sentarme frente a un teclado para llenar una página en blanco o una pantalla vacía del computador, con la única misión de escribir una historia, aún no conocida por nadie, que le haga más feliz la vida a un lector inexistente”.

En su rutina de escribir “nada ha cambiado desde entonces”, desde que comenzó hasta ahora, cuando tiene “setenta y pico de años”, dijo el escritor, que acaba de cumplir los ochenta y que hizo reír a los centenares de asistentes al acto con sus palabras.

Pero, este lunes sí rompió su rutina para asistir a este homenaje que le invita a pensar en que existe “una descomunal muchedumbre hambrienta de literatura en lengua castellana”. El escritor dijo que si los lectores de Cien años de soledad se reunieran todos juntos, “sería uno de los veinte países más poblados del mundo”. “No es jactancia”, aseguró, sino una forma de aludir a los millones de personas que hay deseosas de leer obras en español. “El desafío es para todos los escritores”.

Con 38 años, y ya con cuatro libros publicados, empezó a escribir las primeras palabras de su obra cumbre: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota...”. No tenía “la menor idea” de lo que significaban esas palabras ni de cómo seguiría después. Pero no dejó de escribir “ni un solo día” durante 18 meses hasta que terminó el libro.

Uno de sus problemas “más apremiantes era el papel para la máquina de escribir”. Creía que los errores de mecanografía eran “errores de creación” y cada vez que se confundía, rompía la hoja y empezaba de nuevo. El escritor tampoco sabe cómo sobrevivieron su mujer, Mercedes Barcha, y él durante el tiempo que duró el proceso de escritura, pero “no faltó ni un día la comida en la casa”, dijo García Márquez, mientras todos los asistentes rendían homenaje a la mujer del escritor con un prolongado aplauso.

Resistieron la tentación de pedir préstamos, pero no tuvieron más remedio que empeñar las joyas familiares de Mercedes, que para ellos eran auténticas. El experto las examinó con “ojos de cirujano” y les dijo que todo aquello que le llevaban era “puro vidrio”.

En los momentos de mayores dificultades se presentó el casero con la pretensión de que les pagara el alquiler. Mercedes fue tajante: “venga dentro de seis meses”; tan segura estaba de que el libro que Gabo tenía entre manos sería publicado.

En agosto de 1966 fueron a Correos para enviar a Buenos Aires, a la editorial Suramericana, las 590 cuartillas, a máquina y a doble espacio, de “Cien años de soledad”. El empleado de Correos les pidió 82 pesos y ellos sólo llevaban 53. Tuvieron que abrir el paquete y enviar sólo una parte, que, por error, fue la segunda y no la primera mitad de la obra.

Al editor no debió importarle la equivocación porque le escribió a García Márquez pidiéndole urgentemente la primera parte de la novela. La segunda le había gustado tanto que le adelantó el dinero. Lo demás ya es historia.

Ana Mendoza / Cartagena / Agencia Efe

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